Metodología del programa de formación en Democratización de las relaciones familiares

 

En las clases facilitamos procesos de reflexión en torno al concepto de autoridad y poder cuestionando los autoritarismos, tanto en la vida pública como privada, y propiciando la construcción de estrategias para establecer vínculos afectivos con mayor equidad entre géneros y generaciones, corresponsabilidades y respeto de los derechos de cada individuo; en el trabajo de formación propiciamos que hombres y mujeres nos reconozcamos como autoridad equitativa, con la posibilidad de trasladar algunas de estas vivencias a nuestras familias y las relaciones interinstitucionales que establecemos.

Trabajamos en conjunto con el grupo para idear formas de generar relaciones interpersonales más democráticas en las familias, donde la autoridad no se concentre en uno o unos pocos sino que se distribuya entre todos/as, intentamos generar alternativas donde las necesidades de todos los miembros se negocien en igualdad de condiciones y derechos.

El trabajo de formación se desarrolló a través de talleres de tres a seis meses de duración, con una metodología participativa, sustentada en la educación popular con adultos enriquecida con la co-construcción de conocimientos, basada en las experiencias del Instituto Taos dirigido por Kennet Gergen[i] y las concepciones sistémicas para intervenciones en el ámbito social.[ii]

A partir de la educación popular  nos reconocemos como seres reflexivos que aprenden de su propia experiencia y con estrategias de acción que responden a los desafíos del mundo, “el hombre  es un ser de relaciones, no sólo de contactos, no sólo está en el mundo sino con el mundo”[iii] y es así como podemos transformar las relaciones de opresión en relaciones democráticas.

La co-construcción implica trabajar desde el cuestionamiento de los supuestos básicos e introduce una visión creativa buscando innovar, encontrar y/o recuperar recursos, promover acciones, síntesis, significados, enfoques y perspectivas inéditas[iv], trabajar tanto con la innovación como con la recuperación de los recursos positivos con los que ya cuentan los participantes, productores activos de conocimiento.  El diálogo para la co-construcción de conocimientos implica la  indagación apreciativa, generativa y productiva[v], enfocándonos no en el déficit sino en las posibilidades de transformación, escuchando al otro y recuperando nuestros recursos personales fuera de una relación poder-saber y buscando la innovación de nuevas formas de abordar los problemas ejerciendo una incidencia práctica. Al término del diplomado una mujer reflexiona respecto a sus transformaciones: “…. en mi contribuyó de una forma muy satisfactoria, me ha introducido ideas y sentimientos que yo tengo y otros que quizá ya conocía, para mi engrandece el conocimiento que me invita a seguir conociendo respecto a los demás, a escuchar con humildad una observación, una crítica, una aportación.”

Intentamos practicar relaciones igualitarias en los talleres de formación  donde todos los miembros tienen la legitimidad de proponer, redefinir la situación de aprendizaje y  compartir las decisiones que atañen al grupo. Democratizar, democratizándonos ha sido nuestra consigna, participando como facilitadores democráticos.

En la reflexión durante los talleres abordamos los aprendizajes no formales, los que hemos adquirido mediante experiencias vividas, el intercambio en nuestras relaciones familiares, de trabajo, amistades y a partir de los medios de comunicación, y que han sido interiorizados como mandatos sociales. Para esto fue necesario generar aprendizaje significativo, que tuviera relación directa con estas experiencias y que sus resultados generen una utilidad práctica.

Repensamos los valores y las creencias que sostienen y legitiman los autoritarismos, donde se ejerce “poder sobre” desde el lugar donde cada integrante encuentra la posibilidad, el hombre sobre la mujer, la mujer y el hombre sobre los hijos(as), los adultos sobre los ancianos, etc. Estos valores y creencias son construcciones culturales aprehendidas a partir de la socialización que reproducimos de manera “natural”. Necesitamos preguntarnos si todavía nos identificamos con ellas o queremos re-significarlas,  detectando malestares y elaborando alternativas. Los valores y creencias que reflexionamos en los programas de formación se ubican en los siguientes ejes:

a. Creencias de género y generacionales: reflexionamos las ataduras de estas creencias tanto para hombres como mujeres, la mujer considerada responsable de la vida doméstica y la integración familiar, teniendo como atribución el poder emocional, y como contraparte el hombre con el poder en la vida pública, en la economía y en lo racional.[vi]   Estas creencias generan relaciones de poder asimétricas fundadas en desigualdades construidas socialmente, donde la autoridad es atribuida al hombre debido a su reconocimiento en la esfera pública y su valoración como figura de fortaleza. Respecto a las diferencias generacionales bajo la creencia de que niños, niñas y jóvenes no tienen la capacidad suficiente para tomar decisiones y manifestar sus necesidades, los adultos imponen las propias sin entrar en diálogo y ejerciendo modelos disciplinarios impositivos. Por otro lado los  miembros de la tercera edad dejan de ser reconocidos al considerarlos improductivos, por lo que los adultos, desde su lugar de poder, cometen abusos hacia éstos, discriminándolos, segregándolos y desatendiendo sus necesidades como seres humanos.

b. Diversidad de familias: el concepto de familia se abordó desde una perspectiva constructivista, poniendo énfasis en las configuraciones y transformaciones propias de cada familia y las dinámicas cotidianas donde el sistema de autoridad y poder se pone en juego de diferentes maneras según las diversas estructuras familiares (corresidentes y no corresidentes, uniparentales, homoparentales, reconstituidas, y consanguíneas o no, etc.). La diversidad de familias es una realidad social invisibilizada debido a creencias culturales que a su vez son mantenidas por conveniencia del sistema social[vii], en donde impera el modelo de familia nuclear (madre, padre e hijos/as). Lo anterior impide valorar  recursos propios según el tipo de familia  y crear nuevas formas de convivencia al interior de ésta, generando angustia en los individuos ante la búsqueda de  la familia nuclear idealizada y la imposibilidad de terminar relaciones violentas por mantener esta unidad a toda costa. Este modelo socialmente aceptado de la familia tradicional, constituida por el padre, la madre y los hijos e hijas, implica que cada uno tenga un rol definido: padre proveedor, madre encargada de los cuidados domésticos e hijos(as) sometidos a la disciplina impuesta, siendo las relaciones asimétricas evidentes. La democratización de las relaciones familiares apunta a hacer visible la diversidad, cuestionar el modelo de familia impuesto culturalmente, reflexionar respecto al imaginario colectivo de la familia idealizada y las diferencias que hay en la estructura y las relaciones de autoridad de cada familia.

c. Repensar las relaciones de pareja: Reconocer la diversidad familiar implica también repensar creencias en torno a las relaciones de pareja, algunas pueden tener como objetivo formar una familia más extensa, ser  en sí mismas familia, o constituirse en  relaciones más espontaneas. Repensar las relaciones de pareja implica cuestionar tanto la estructura, que no necesariamente es heterosexual, como los vínculos de amor que se establecen, sus significados, si están basadas en el respeto a los deseos de cada integrante de la relación o implican un vínculo de subordinación.

d. Diálogo y contacto con nuestros obstáculos emocionales para el cambio como posibilidad de transformación real que impacte emocionalmente en nuestros discursos y conductas: para establecer relaciones más democráticas y cuestionar dichos modelos rígidos, el diálogo y el trabajo de elaboración cognitivo emocional se vuelven herramientas para transformar la realidad, de la cual todos participamos en su construcción, a veces sin mediar una reflexión consciente. En este sentido el diálogo no es simplemente un intercambio de ideas sino un proceso de co-construcción de significados entre las personas  conectándose con las emociones que produce la comunicación. Aprendemos a incluirnos partiendo de nuestra propia experiencia vivencial hablando de nosotros mismos en lugar de hablar de lo que le sucede a los/as otros/as.  Revisamos también los obstáculos emocionales y cognitivos que tenemos para transformar nuestra convivencia, y cuando regresamos a nuestras casas  ensayamos alternativas creativas para cambiar aspectos de esta convivencia. Es a través de  detectar crisis personales y ensayos y error, que participamos en este proceso de re-significar  nuestras representaciones respetar las diferencias sin convertirlas en desigualdades, intentando abandonar los modelos autoritarios que hasta el momento habrán sido la manera de resolver las diferencias y divergencias al interior de las familias.

e. Situaciones de violencia donde el diálogo no es  posible: cuando la violencia imposibilita el diálogo y no podemos poner los límites necesarios estamos ante situaciones que no pueden transformarse y que ameritan intervenciones específicas vinculadas con la atención de la violencia y aplicación de las leyes correspondientes para la protección de las víctimas y sanción de los victimarios. Es importante distinguir que estos procesos de prevención se vinculan con situaciones donde las personas involucradas en los procesos formativos no están solicitando ayuda de atención psicológica o jurídica y que no están realizando denuncias de maltrato. Esas son situaciones de urgencia definidas por los propios integrantes de las familias o por testigos de maltratos o abusos que deben recibir una debida atención en los programas de prevención para derivarlos a unidades de atención psicológica y  o jurídica.

 

Facilitadores/as democráticos

 

Lo anterior sólo es posible  a partir de una nueva relación poder-saber entre el facilitador/a y los participantes del taller, apuntando a un trabajo de grupos donde la relación enseñanza-aprendizaje no se centra en los profesionistas como “expertos en el tema de violencia” sino como facilitadores de la reflexión y el diálogo, formando parte del proceso de aprendizaje en interacción con los participantes. Al respecto la transformación de una facilitadora al término del programa de formación: “cuando empecé a sentir críticas, es que yo no soy todo poderosa, que inclusive yo dentro del grupo de coordinación también tengo mis limites y que el grupo nuestro tiene límites y esto lo vimos en el grupo y si nos equivocamos alguno de nosotros, pero este grupo es el que está construyendo todo este proceso.”

El facilitador en democratización familiar busca recuperar los conocimientos implícitos y explícitos de las personas y reflexionar en torno a estos. El modelo generativo busca conjuntar aprendizaje y transformación[viii] y de esta manera refuerza la postura del facilitador democrático como promotor de nuevas posibilidades para la interacción, proponiendo una estrategia centrada en trabajar desde el interior de los individuos, marcada por los contextos e intereses de cada uno.

A partir del diálogo y la reflexión entre el grupo y el facilitador los participantes ponen en práctica sus  recursos personales, herramientas que les permiten visibilizar los autoritarismos, cuestionar las representaciones sociales sobre los que se fundamentan, y construir estrategias de negociación en sus familias, así como facilitar dicha reflexión con la población que atienden, reconociendo que establecer autoridades democráticas implica reflexionar constantemente en torno a los vínculos que estamos estableciendo y queremos establecer, dialogando con el otro.

El aprender del/a facilitador/a se refiere al conocer y respetar la diversidad de familias de cada participante y de las familias con las que cada quien trabaja, así como potenciar las capacidades democráticas que cada quien posee y puede desarrollar; también implicó que estuviera en constante reflexión de sus propios valores y actitudes considerando que el/ella mismo/a es parte de un sistema sociocultural de donde provienen dichos aprendizajes. Algunas de las actitudes y valores que como facilitadores buscamos desarrollar al interior del grupo para la democratización de las relaciones son[ix]: el respeto al punto de vista de otros, la solidaridad, la cooperación, la equidad de género, la tolerancia a las diferencias, erradicar o relativizar el individualismo salvaje, la intolerancia al trabajo colectivo, el autoritarismo, la marginación.

Así mismo el/a facilitador/a buscando el devenir de nuevos facilitadores/as en democratización de las relaciones familiares transmitiendo ésta metodología de trabajo al grupo en capacitación, para que estos a su vez lo implantaran a modo de propuestas de réplica en sus lugares de trabajo y en sus relaciones interpersonales.

 


[i] Gergen, Realities, 1994

[ii] Fuks, Facilitación, 2009

[iii] Freire, Educación, 2002, p.28.

[iv] Schnitman, “Diálogos”, 2009.

[v] Ibid.

[vi] Burin, et. al., Género, 1998.

[vii] Porque pretende transferir la responsabilidad de la seguridad social totalmente a las propias familias en lugar de hacerse cargo de la parte que le corresponde al gobierno de establecer estrategias de salud, alimentación, educación, vivienda, centros de cuidado infantil y generación de empleo. Schmukler, “Violencias”, 2010.

[viii] Schnitman, “Diálogos”, 2009.

[ix] Jiménez, “Reflexiones”, 2009, p. 147.

 

Modalidad Presencial Virtual:

 

Presencial con apoyo de una plataforma virtual a través de la cual:

1.      Integra las actividades formativas de los estudiantes fuera de la sesión de clases, brindando el entorno ideal para estimular y desarrollar procesos de reflexión y de pensamiento crítico.

2.      Es un sistema de administración de aprendizaje y de contenidos, que permite creación de bibliotecas digitales que hace posible a las y los docentes la gestión y difusión de material de referencia para su consulta previo a cada clase.

3.      Genera ambientes virtuales de aprendizaje donde profesores, tutores y alumnos puedan crear, acceder, recopilar, divulgar y compartir contenidos educativos a través de foros de discusión, chats, blogs y otras herramientas de colaboración.

4.      Se llevará a cabo la grabación previa de conferencias que se subirán en la plataforma.

5.      Desarrollo de cuestionarios y ejercicios interactivos. Se pueden crear rutas de aprendizaje para fortalecer los conceptos vistos en clase o en ocasiones previo a cada sesión se les pedirá que contesten cuestionarios o desarrollen ciertos ejercicios, los cuales podrán consultar en línea a través del portal en cualquier momento.

6.      Sistema de evaluación virtual que rastrea las actividades que elaboró el alumno en la plataforma.

7.      Asesoría personalizada a través de tutores- Por cada 10 alumnos será asignado un tutor o tutora que estará disponible para responder las dudas sobre el trabajo a realizar y el uso de la plataforma virtual, asimismo, estará a cargo de llevar el control del cumplimiento del trabajo no presencial, lo que se realizará a través de conversaciones virtuales (chats) ya sea de forma individual o  grupal

 

Modalidades de evaluación

  • Cuestionarios de evaluación de aprendizajes e integración conceptual
  • Cuestionarios y grupos focales para la evaluación de las transformaciones en las representaciones sociales del grupo.
  • Elaboración individual de un ensayo final, de la aplicación de los conceptos de democratización en su práctica laboral.
  • Elaboración individual  de un ensayo conceptual, de las nuevas negociaciones entabladas en sus relaciones íntimas
  • Elaboración  de prevención de violencia de género a partir de la transversalización de los conceptos y herramientas de democratización, en los programas institucionales que llevan a cabo
  • Multiplicación de los talleres de sensibilización del enfoque de Democratización

 

Productos

  • Guías Pedagógicas
  • Videos didácticos
  • Libros conceptuales.
  • Formación de redes comunitarias para la promoción de convivencias democráticas.

 

 

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